No me volví a cruzar al Negro hasta las 7 de la mañana. Ya quedaba poca gente, era muy de día, algunos nos habíamos engafado y estábamos bailando techno con los ojos cerrados. Alguien me interrumpió queriéndose probar mis anteojos de sol. Abrí los ojos y estaba él enfrente mío, moviendo los hombros a mi ritmo. Le quedaban bien pero a mí me quedaban mejor, me dijo algo así y me los devolvió. Me preguntó cómo me volvía y le mostré las llaves del auto que tenía enganchadas en el cinturón para no perderlas. Se le iluminó la cara y se me acercó más.
—Decime que te sobra lugar —me dijo en su voz ronca y bajita, sonrisa a medias.
Hice un gesto de que no lo escuché para que tenga que venir todavía más cerca. Me agarró de la cintura, quedamos bastante pegados y repitió lo que me había preguntado antes.
Yo había salido mano a mano con un amiga y sabía perfecto que me estaba pidiendo porque si no quedaba varado en pleno descampado en Pilar, pero tampoco me jodía que me use de remis.
—Te negocio una vuelta a cambio de un bajón.
—Firmo contrato —dijo sonriendo y seguimos bailando teñidos de naranja un rato más hasta que apareció Camila.
Estaba medio enculada, insistiendo con que estaba para volverse. No le importó mucho verme con el Negro. Yo había pensado que se volvía con el pibito con el que había estado toda la noche pero entendí su mal humor cuando nos interrumpió devuelta para decir "le hablé a Juanma y me clavó" y lo coronó con su mejor cara de me-quiero-ir, a modo de ultimátum. Y como siempre, en mi modus operandi de ser demasiado complaciente, cedí ante su capricho y partimos.
En la caminata al auto nos cruzamos a la mitad de la fiesta y entre todos esos conocidos, a un amigo del Negro que andaba a los besos con una rubia. Nos vio a lo lejos y empezó a gritarnos borracho preguntando cómo nos volvíamos. El Negro me miró y me preguntó si nos entraban. Cami no frenó e hizo un gesto muy poco sutil de ni en pedo. "Obvio, sumensé", le dije sonriendo a su amigo y eso hicieron. Reitero, soy muy complaciente.
El Negro cantó shotgun y encaró directo la puerta de adelante. Cami se cagó de risa pensando que yo la iba a defender, cosa que no pasó. "Él se avivó primero", dije algo así mientras me ponía el cinturón. Me vendí ante el pibito de turno. Sí, lo defendí a él, que me juzgue la historia. Camila se puso más de mal humor.
La vuelta fue un estallo de risa. De repente me convertí en una versión mía que me cae muy bien, que me gusta ser y que pocas veces soy. Con el Negro le hicimos una entrevista a la rubia que rozaba el stand-up. En un semáforo me agarró la mano y me dijo que no se había olvidado que íbamos a bajonear juntos. Sonó una canción vieja en la radio que no me logro acordar y la cantamos jugando al videoclip y la puta madre cómo me gustaba.
Al amigo del Negro se le ocurrió boludear a Camila y ella mandó a todos a cagar. Se estiró un silencio incómodo y el Negro me preguntó al oído qué íbamos a hacer. Miré a Cami por el espejo retrovisor y me di cuenta que su mal humor era porque tenía ganas de llorar. Respiré y me odié un poco por ser tan empática. Me hubiese encantado que me dé lo mismo, dejarla en su casa e ir a comer sobras de la noche anterior sentada en la mesada de este pibe. Lo miré a él. No puede estar tan bueno, pensé.
—El bajón va a tener que ser otro día —me quería matar pero sabía que era lo correcto—. Los dejo a ustedes primero y después la llevo a ella a su casa.
Un par de cuadras después los pibes y la rubia se bajaron del auto y, efectivamente, Cami se largó a llorar. Nunca me preguntó quién era ese, si me había divertido, si me gustaba. Quedó como una anécdota sin remate que ni siquiera llegué a contar.
No sé si lo voy a volver a ver. Me seguirá debiendo el bajón hasta nuevo aviso y yo veré si le cobro intereses a una promesa que hizo borracho una noche cualquiera. No voy a maquinear con qué hubiese pasado si jugaba mis cartas distinto. No sé cuánto tiempo pasará hasta que volvamos a coincidir en tiempo y espacio pero ojalá que, si me lo llego a cruzar, me vuelva a encontrar bailando con los ojos cerrados. Tal vez vibremos un rato juntos, tal vez hasta lleguemos a bajonear.
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